Vocación por CrossFit

 

Como muchos emprendedores, Lindsey Barber cambio de carrera para perseguir su pasión. Por Britney Saline.

 

Lindsey Barber tomó el volante. La mayor parte del trayecto de 48 kilómetros entre Unity y Cut knife, Saskatchewan (NdelT: Canadá), es camino abierto, nada más que campo 360° y cielo, y ella intentaba disfrutar de su conducción matutina a un trabajo que no le gustaba.

 

Dobló hacia un pequeño lote afuera de la compañía abastecedora de químicos y semillas donde ella trabajaba como agrónoma vendedora. Algunos días se pasaban cargando pallets con semillas y químicos en camiones; otros la encontraron visitando granjas vecinas y tratando con horticultores productores. En gran medida, ella tenía que vender. Fertilizantes, pesticidas, semillas- eran todas “ventas de alta presión.”

 

“(Mi) trabajo era básicamente incluir agricultores en nuestro programa para que compren todo el producto que pudiesen, diciéndole a la gente lo que necesiten oír sólo para hacer la venta,” dijo Barber.

 

Pero Barber odiaba vender. Se sentía deshonesta impulsando productos que los agricultores no necesitaban verdaderamente y sentía “como si estuviera sirviendo a ningún propósito en este mundo”, dijo ella.

 

Apagó el motor y se sentó en su auto, luchando con lágrimas e incapaz de forzarse a ingresar. Nunca imaginó que el trabajo fuera a ser así.

 

“Mis padres siempre me dijeron que si verdaderamente te gusta lo que estás haciendo entonces el trabajo no será tan malo,” dijo ella. “Y supe que esto no era algo que yo quisiera hacer por siempre, que tendria que haber algo más para que yo haga, Pero yo sólo pude imaginar algo que amara lo suficiente hacer  por el resto de mi vida.”

 

Sin Pasión

El más joven dos hermanos, Barber fue criado en la granja de sus padres en Biggar, Saskatchewan, un pueblo de menos de 2,200 personas de cerca de 84 kilómetros de Saskatoon. Aunque ella siempre me ayudó alrededor de la granja y aceptaba trabajos raros en los veranos, nunca le dio demasiadas vueltas a lo que ella verdaderamente quería hacer cuando creciera.

 

“Tuve bastante dificultad para darme cuenta,” dijo ella.

 

Después de que Barber se graduara de la secundaria en 2006, sus amigos se fueron a l a universidad, hablando con entusiasmo de  especialidades  y trabajos soñados. Barber se quedó atrás.

 

“Recuerdo llorar por eso todo el tiempo, diciendo, ´no sé qué es lo que me apasiona; no me apasiona nada,” dijo ella.

 

Ella sabía que quería ayudar a las personas y que no quería un trabajo de escritorio, pero no era tanto como para continuar. así que fue al centro de carreras de su universidad cercana a tomar un test de aptitud- El resultado fue dueña de negocio.

 

“Me sorprendió porque no era algo que yo hubiera pensado antes.” dijo ella.

Descartados los resultados como fortuitos, Barber pasó los siguientes meses, rebotando de trabajo en trabajo, trabajando en un local de neumáticos, en un patio de comidas y en un equipo ambulatorio de montaje. En 2008, dos años más tarde y para nada más cerca de saber cuál podría ser su pasión, se inscribió en el programa de agronomía de la Universidad de Saskatchewan. La decisión era más por resignación que por ambición.

 

De donde yo vengo, la mayoría de las personas van a la escuela para ser una enfermera o una maestra, o los chicos van a trabajar en yacimientos petroleros, y yo no quería ser maestra, y no puedo tratar con sangre.” dijo ella. “Así que estaba como, ´Bueno, creo que voy a tener que vivir en un pequeño pueblo y asistir a Agricultura,´lo cual no me generaba el más mínimo interés.”

 

Después de graduarse no tenía más interés en agricultura que cuando se matriculó. La única clase que disfrutó de los dos años de estudios agroambientales de suelos fue una clase opcional de emprendimientos. Aún así, tenía un título y cuentas que pagar, así que se convirtió en agrónoma de ventas.

 

Viviendo para el fin de semana

 

La compañía abastecedora estaba ubicada en una amplia granja justo en las afueras de  cut Knife, un pueblo con un pelito más que 500 residentes. Grandes barriles de metal contenedores de cereales ocupaban la mayor parte del campo, y una masiva trituradora química de almacenaje y banco de semillas erigida a un costado. Barber pasaba la mayor parte de su tiempo en una pequeña oficina al lado de ese banco, una habitación de un ambiente simple abierto con algunos escritorios una cafetera al fondo.

 

Primavera y verano no eran tan malos. Estaba ocupada, y Barber, quien había crecido amando los deportes – ella practicaba curling competitivo en el secundario – y los lugares al aire libre, no le molestaban los trabajos manuales de cargar camiones con semillas y avionetas fumigadoras con químicos. En otoño, visitaba los granjeros en época de recolección para hablarles de sus semillas para el próximo año.

 

Invierno era lo peor. De 8:30 am a 5 p.m., Barber se sentaba en su escritorio y hacía llamadas de venta, esperaba que el reloj dictara el fin del día.

 

“No soy una vendedora, en especial (por) algo que no me gusta,” dijo ella. “no estaba interesada en investigar (los productos) y decirle a la gente que tenían que comprar este o aquél producto si no lo necesitan, no quiero que gasten dinero en él.”

 

No mucho después, Barber se encontró a sí misma viviendo por los fines de semana.

 

“El viernes era lo más; siempre me emocionaba,” dijo ella. “Los sábados estaban OK, y luego el domingo comencé a tener esta sensación horrible, depresión básicamente, cada domingo por la tarde. Tipo,´ay dios, aquí viene una nueva semana de trabajo. Me sentí tan triste y agotada cada domingo por la noche, que empecé a comerme viva.”

 

En el trabajo, cuando no estaba vendiendo, surfeaba la web. Debería haber estado investigando los productos de la compañía, pero tenía otra cosa en mente: CrossFit.

 

Encontrando pasión -y más- frente a -y por encima de- la Barra.

 

En 2011, luego de un año de haber estado en su posición de agronomía, notó una foto inusual en el feed del facebook de su novio. Incluía una mujer haciendo una vertical a una mano- “y tenía abdominales,” agregó Barber.

 

Barber mensaje a la mujer, preguntándole qué estaba haciendo en la foto.

 

CrossFit, respondió ella.

 

Barber abrió una nueva pestaña y tipeó “CrossFit# en una búsqueda de video de Google. fue clickeando video tras video en aquellos con la mayor cantidad de vistas, boquiabierta mientras miraba a Annie Sakamoto destrozarla en Nasty Girls y Elizabeth con hip hop a todo volumen y metal a los gritos.

 

“Yo quedé tipo, ´esta mierda es muy underground. No es el típico video demo que ves en internet,” recordó. “Y recuerdo pensar, ´man, la música está muy alta, pero me cabe lo que están haciendo.´”

 

El Afiliado a Crossfit más cercano estaba a más de 168 kilómetros desde el hogar de barber en unity, así que mensajeaba a Rob Smith – el entrenador que programaba para el amigo de su novio- que manejaba CrossFit Off the Chain (CrossFit sin cadena) desde su garage en Fort Belvoir, Virginia, en aquél momento. Smith le dijo a Barber que compre barras y platos, una kettlebell, mancuernas y una barra de dominadas. el primer entrenamiento que le envió fue un AMRAP de thrusters y burpees.

 

“Fue absolutamente brutal”, Barber recordó.

 

Los siguientes seis meses, devoró con ilusión toda la información de CrossFit que encontraba, leía clandestinamente en el trabajo blogs de afiliados y el CrossFit Journal e incluso hizo entrenamientos tabata de peso corporal en sus recreos para almorzar.

 

“Una vez que tuve esa barra se volvió una obsesión total,” dijo ella.

 

Cada vez que Barber posteaba online un nuevo PR o una receta paleo friendly o en la zona, recibía pilas de mensajes diciéndole que había inspirado a alguien a hacer un cambio de estilo de vida. Fue en esos momentos que empezó a ver a Crossfit como una posible llamada de vocación.

 

“Recibir esos mensajes me dieron la sensación que había estado buscando cuando intentaba encontrar algo gratificante para hacer por el resto de mi vida,” dijo ella.

 

Sus sentimientos se afirmaron en la primavera de 2012, cuando asistió a un seminario Nivel 1 de Crossfit en Calgary, Alberta (de: Canadá).

 

“Tan sólo estar en un salón con un grupo de gente que realmente ama todo lo que vos amas fue super motivante,” dijo ella. “Yo estaba tipo ´quiero ir a uno de estos seminarios todos los fines de semana.´Después de ahí me dí cuenta que (CrossFit) era lo quequería hacer.”

 

Después de que Barber se ganó Diploma de Nivel 1, organizó y realizó reuniones y llamadas de teléfono con dueños de afiliados por todo Canadá, pidiéndoles todo lo que sabían sobre la Afiliación, equipamiento, programación y construcción de una base de miembros. Se anotó en un programa de asesoría en negocios orientado para Afiliados de Crossfit. En enero, 2013 – sólo unos meses después de casarse con el hombre por cuya página de facebook comenzó todo- Barber fue part time en su trabajo de agrónoma y abrió Crossfit Lair en un ático encima de un bar operado por algunos amigos.

 

No había espacio para racks de dominadas, y el piso de cemento no podía soportar las barras, pero el alquiler era gratis, y los miembros – cerca de 10 personas curiosas que habían visto los posters con Barber plastificando la ciudad – estaban ansiosos por aprender. Liderando la pequeña crew de madres, padres, abuelas y 20 años en series de burpees y flexiones, Barber finalmente tuvo la sensación que había anhelado por años.

 

“Acabo de darme cuenta que esto es lo que estuve buscando desde hace mil cuando estaba en los primeros años de la secundaria,” dijo ella.

 

Completaron desafíos de peso corporal en el ático por cuatro meses antes que Crossfit Lair se mudara a su propio espacio de 110 metros cuadrados en mayo de 2013, con su propio rack Rogue, barras y discos de caucho. En Marzo de 2013, dos meses antes de entrar en el segundo espacio, Barber había renunciado a su trabajo de agrónoma para siempre.

 

“Sentí una tonelada de libertad,” dijo ella.

 

Desde diciembre 2014, CrossFit Lair – que ahora tiene como 90 miembros y 3 entrenadores además de Barber – está en su tercer mudanza: un depósito totalmente equipado de 335m2 en el lado industrial de Unity.

 

“Así ya no tenemos que correr por Main Street,” bromeaba Barber.

 

“100,000 veces más feliz”

 

Los días de Barber son muy diferentes ahora.

 

Después de levantarse entre las 5 y 6 a.m., se sienta en su computador para responder docenas de clientes para quienes provee planes nutricionales. Luego vienen el desayuno y algo de movilidad antes de ir para Crossfit Lair justo para cuando termina la clase 9:30.

 

“Las ladies (en la clase 9:30) son geniales y me alegran el día,” dice Barber, ahora de 28.

 

El resto del día se va con clases, encuentros con el staff, entrenamiento, programación y mandados. Aún cuando termina el día de trabajo antes de que la última clase termine, a ella le gusta quedarse.

 

“Me gusta simplemente estar ahí aún si no estoy dando clases,” dice ella.

 

Ella estima que trabaja más horas ahora- y gana menos dinero- que lo que en su antiguo trabajo. Pero lo vale, dice ella.

 

“Amo absolutamente cada minuto,” dice ella. “Soy 100.000 veces más feliz. Algunos días tengo problemas para dormir lo suficiente de lo mucho que disfruto estando despierta en mi vida.”

 

Barber lo dejó claro, no se trata de quedarse todo el día en un gimnasio y trabajar todo el día. Se trata de ver los cambios en las vidas de las personas. Recuerda sufrir con su imagen corporal siendo adolescente, obsesionada con la balanza y las últimas dietas de moda.

 

“Gasté tanto dinero en eso y estaba tan confundida,” dice ella “veo toda la mierda ahí afuera por la que las personas caen, especialmente mujeres… Mi meta en vida es lograr que las personas vean la mierda y aprendan a amarse.”

 

Los atletas de Barber aprecian su franqueza.

 

“Ella comparte historias personales y muestra de manera tan real que ella también tiene luchas internas, y que hubo cosas, que ella también tuvo que lidiar y en las que trabajar para dar vuelta,” dijo Shauna Hammer de 42 años, quien está en su tercer año en Crossfit Lair.

 

Después de ayudar a Hammer a conseguir una meta personal de conseguir una primer dominadas sin ayudas, Barber escribió una programación especial para que ella siguiera, dándole aliento a diario.

Cuando Hammer sacó su primer dominadas en un entrenamiento reciente,” (Barber) celebró conmigo tal como si fuera su primer pull up,” dijo Hammer.

 

Sherrie Berrecloth, una abuela de 4, con 53, tuvo una experiencia similar después de levantar de peso muerto 110kg.

 

(Barber) estaba tan exaltada por mí como yo,” dijo ella. “Tiene una pasión que yo no creo haber visto en muchas personas. Está siempre ahí para

hacerme hacer más y hacerlo mejor. Puedo ver que está orgullosa de las cosas que hago, y eso sólo significa un mundo para mí.”

 

Para Barber, estas historias confirman su decisión de apostar todo con CrossFit.

 

“Cuando las personas dicen que su favorita parte del día es CrossFit o si solían preocuparse por cómo se veían en malla y ahora sólo piensan en hacer 90 kg de sentadillas, ese tipo de cosas es lo que me hacen sentir como que finalmente estoy haciendo algo,” dijo ella. “en vez de flotar por el día a día, ahora tengo un propósito. Me siento tan afortunada por poder trabajar con estas personas. Cada día es tan pero tan fantástico.”

 

El precio de la Pasión

Aún así, lo bueno raramente viene sin sacrificio.

 

Cuánto más se acercaba a su nueva pasión, más lejos se sentía de su marido y suegros. Antes de Crossfit, había estado orientada a toda máquina hacia una vida de trabajo, hijos, y cuidar la casa. PEro luego se entusiasmó con quedarse hasta tarde en el gimnasio, desposando debilidades en vez de hacer el jardín.

 

“(Mi marido) trabajaba todo el día, y él se ponía tipo,´cuándo vas a venir a casa a dormir?” dijo Barber. “Pero yo no quería ir a casa y hacer nada o cortar el pasto.”

 

En las fiestas y comidas familiares, su suegra y suegro la exhorta a tener un mejor equilibrio entre trabajo y vida y a no estar tanto en el gimnasio.

 

“Yo me ponía tipo, ´No. Si esto es lo que amo hacer, por qué tendría que hacer menos de eso?” recuerda Barber. “Y ellos ambos tienen trabajos que odian. Yo soy tipo, ´Claro que pensás que necesito equilibrio,´porque para ellos (el trabajo) es algo horrible, pero para mí, yo estoy tipo, ´no me saques de acá. Me encanta esto.´”

 

En Diciembre 2014, Barber se separó de su esposo, y en Abril 2015 se divorciaron.

 

“Él era un buen tipo, pero fue a través de Crossfit que aprendí que esa no era vida para mí,” dice Barber. “No me parecía bien vivir en una granja, tener bebés, cortar el pasto y trabajar de algo que no me gustaba asi poder comprar un par de cosas y estar sentada sin hacer nada. Me di cuenta que quizás había algo más para mí y que podía verdaderamente tener un impacto en el mundo.”

 

Se mudó de la casa de 140 metros cuadrados que ella y su marido habían construído y fue a una pequeña casa rodante, que ahora comparte con una compañera de cuarto.

 

Familiares preocupados le cuestionaron que estuviera tomando decisiones acertadas, pero Barber no tenía ninguna duda-

 

“”No hubo ningún momento en el que estuviera tipo, ´Esto no está bien,´” dice ella. “Aún ahora puedo sentarme aquí y decir que preferiría ser soltera y hacer esto y ayudar a personas que estar en un matrimonio tan sólo yendo por la vida haciendo lo que se supone que esté haciendo desde el punto de perspectiva de otras personas.”

 

Sólo una vida

 

Han pasado más de tres años desde que BArber abrió por primera vez Crossfit Lair, y aún piensa que está soñando.

 

“Aún así, cada día ahora estoy tipo,´no puede creer que este sea mi trabajo,´” dice ella. “Comencé este pequeño gimnasio, y siempre dije si pudiera cambiar sólo una vida, sería feliz.”

 

Recuerda oír por encima una conversación mientras tres potenciales nuevos miembros dejan el gimnasio después de una sesión introductoria reciente que ella había dictado.

 

“Uno de los tipos dijo, ´Bueno, mi vida acaba de ser cambiada para siempre,” dijo Barber.

 

Ella sonrió.

 

“Amo mi trabajo como a mi santa madre.”

 

Acerca del autor: Brittney Saline es una escritora freelance contribuyendo con CrossFit journal y el sitio web de Crossfit Games. Entrena en Crossfit St. Paul. Para contactarla, visitá Brittney Saline

Esto fue traducido por Blas Raventos, L1 Seminar Translator Staff (Pretty Soon Kids Translator). In order to read the original article, please go to: the CrossFit Journal

 

 

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